Aunque para muchos a lo largo de la historia el cigarrillo ha funcionado como una herramienta de seducción, que atrapa a no pocos jóvenes y es concebida como un símbolo de sex-appeal, la realidad es que este “humo de la atracción” puede convertirse en una peligrosa estrategia cuando dos personas buscan una intimidad placentera y saludable.

Según estudios realizados por la Organización Mundial de la Salud, en ellas el tabaquismo reduce la excitabilidad y retarda el orgasmo, además de disminuir la lubricación vaginal; mientras que a los varones les afecta la capacidad de erección y la calidad de los espermatozoides.

Dicho de otra manera, tras cada bocanada de humo, tanto hombres como mujeres, están matando el placer y el éxtasis en su intimidad, abriendo un camino directo a las disfunciones sexuales y a los problemas en la salud reproductiva.

Según el doctor Francisco Cabello, director del Instituto Andaluz de Sexología y Psicología, de acuerdo a los datos de un estudio llevado a cabo en 288 varones, más de un 43 por ciento de los encuestados presentaron alguna disfunción sexual siendo el tabaco el factor de mayor incidencia.

En uno de sus artículos publicados en Internet, el especialista —invitado especial en varios Congresos Cubanos de Sexualidad— advierte que veinte cigarrillos diarios son suficientes para incrementar hasta en un 60 por ciento el riesgo de padecer disfunción eréctil.

Como consecuencia de esta dosis, en las féminas disminuye la excitabilidad y se dificulta la lubricación vaginal, además de retardarse el orgasmo. De hecho, la necesidad de fumar después de una relación sexual demuestra que ha habido una satisfacción pobre, ya que de haber tenido una respuesta orgásmica saludable con la consiguiente liberación de endorfinas, la persona no estaría buscando otra fuente de relajación con la nicotina.

Por si fuera poco, los efectos del tabaquismo van más allá del placer sexual. Está comprobado que esta adicción aumenta el riesgo de aborto espontáneo hasta en un 28 por ciento, además de duplicar la posibilidad de embarazo ectópico y disminuir el peso de los neonatos.

Los especialistas señalan que una exposición prolongada en la etapa prenatal puede causar diversas alteraciones en las condiciones bajo las cuáles se desarrolla el feto.

Esta adicción afecta de forma manifiesta al crecimiento fetal y, como resultado, los hijos de madres fumadoras pesan al nacer un promedio de 250 gramos menos.

Por un Futuro sin Humo

Las investigaciones más recientes demuestran que los hombres que han fumado más de media cajetilla de cigarrillos durante una década, corren el riesgo de sufrir debilidad sexual, especialmente los que tienen más de 40 años.

Aunque el tabaco no es la causa directa de la disfunción eréctil, sí favorece la aparición de trastornos vasculares por el bloqueo a las arterias, y la incapacidad de las válvulas del pene para retener la sangre.

Todo ello sucede por la nicotina, la cual incrementa el depósito de grasas y microtrombos en el interior de las arterias y venas, además de disminuir su calibre, especialmente de las que llevan sangre al pene durante la erección.

A largo plazo, las dosis de nicotina también tienen implicación en el momento de la relación sexual. Después de fumar dos cigarros, el diámetro de la arteria pudenda sufre una contracción temporal, lo que dificulta el paso de la sangre a los cuerpos cavernosos del pene, y con ello se produce una disminución en el tiempo de erección.

El humo del cigarro contiene sustancias radiactivas, como radón y polonio, que ocasionan infertilidad porque deforman a los espermatozoides, afectan su movilidad, los hacen lentos, y muchos de ellos mueren antes de llegar a las trompas de Falopio.

Desafortunadamente, las estadísticas indican que sólo el diez por ciento de quien padece disfunción eréctil busca ayuda profesional médica, ya que la gran mayoría esconde su problema o recurre a la automedicación y a remedios caseros para tratar de resolverlo, las cuales sólo empeoran su condición.

La nicotina actúa dentro de nuestro cerebro, con una doble característica: a bajas dosis es un excitador y aparentemente nos estimula, pero crea una adicción, por lo que al consumir altas dosis actúa como un inhibidor o lo más similar a un sedante.

Este efecto le permite, en apariencia, enfrentar mejor las situaciones de miedo, lo que lleva al fumador a consumir más y más cigarrillos en situaciones de estrés. Solo que cada vez que se fuma un cigarrillo junto con la nicotina (veneno mortal) se ingieren casi 4 000 sustancias químicas muy peligrosas.

Entre ellas figuran el butano, el monóxido de carbono, el metanol, el arsénico, el cianuro de hidrógeno, la amonia y el formaldehído, un líquido que se usa en los hospitales para conservar en buenas condiciones los tejidos del cuerpo.

Los pulmones están formados por pequeños sacos de aire llamados alvéolos, a través de ellos el oxígeno pasa a la sangre. Al fumar se pierden estas estructuras, con lo cual el pulmón va perdiendo su capacidad y función.

La nicotina, al ser un tóxico, promueve la producción de radicales libres en todo el cuerpo. Ello aumenta el riesgo de padecer cáncer de pulmón y otras enfermedades degenerativas, además de acelerar el proceso de envejecimiento.

Por tanto, más que un hábito, el tabaquismo se convierte en una adicción muy peligrosa. Cuando la persona menos lo espera pierde el control sobre el consumo, y la ingesta de la sustancia se vuelve compulsiva.

Sin embargo, aunque dejar de fumar supone afrontar la decisión de superar la dependencia a la nicotina, lo que conlleva implicaciones físicas, psicológicas y sociales… el reto bien vale el sacrificio y la dificultad.

Abandonar el consumo de tabaco lo beneficiará no solo en su funcionamiento sexual, sino que mejorará su salud en general, abriendo nuevos caminos al disfrute de la intimidad y a un futuro sano en su reproducción

Fuente: www.patriagrande.com.ve

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