El cuerpo muchas veces nos pide descanso. Es tan inteligente nuestro cuerpo que nos avisa a través de síntomas muy evidentes que algo no anda bien. Los avisos son claros: falta de sueño, order ojeras, nerviosismo, necesidad de dormir más descansando menos, mal humor, digestión pesada, falta de concentración, incremento de la ansiedad, errores frecuentes en el trabajo, desgano y tristeza. Son carteles luminosos que nuestro cuerpo y nuestra mente nos ponen delante para que sepamos que necesitamos un merecido descanso.

Nos hemos sometido a períodos de alta exigencia y literalmente, nuestro cuerpo y mente están al límite. Consientes de nuestro estado nos disponemos a considerar la posibilidad de descansar. Nos cuesta alejarnos de la rutina, pero ya no es una opción, es una necesidad, nuestro cuerpo manda, quiere relax.

Aquí es donde aparecen diferentes alternativas para satisfacer ésta necesidad: turismo aventura en algún país con montaña, mar o nieve; turismo cultural en Europa o en algún país con historia, turismo saludable , turismo rural en alguna estancia alejada , o el más elegido de todos: turismo de excesos.

“El turismo de excesos consta de someter a la persona a diferentes estímulos físicos y emocionales quebrando las fronteras saludables de una vida equilibrada.”

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Estamos decididos a emprender nuestro hipotético descanso por ejemplo en alguna playa del Caribe. Comienza el periplo cuando nos damos cuenta que el horario de salida del avión es a veces de madrugada y debemos estar en el aeropuerto al menos 3 horas antes. Es una noche larga después de un día intenso de empaque y papeleo, si es que tuvimos suerte con pasaportes y visas. Luego, en el sector de migraciones del aeropuerto, sometemos nuestro cuerpo cansado y nuestra mente estresada a un proceso de evaluación en el cual no sabemos si podemos salir o no del país hasta tanto el avión no despega, con nosotros adentro. En destino se suma la tramitación de retiro de equipaje (con suerte no perdido), aduana e inmigración. Arribamos expectantes y ansiosos, sin haber dormido ni comido adecuadamente. Ya falta menos, solo un bus que demorará algunas horas en llevarnos del aeropuerto al hotel.

Por fin en el hotel, habiendo perdido un día por el viaje, nos entregamos a los manjares culinarios que brillan por su variedad. Grandes bandejas con comida que permanecen calientes en forma permanente nos esperan en el buffet las 24 horas del día. El límite de alimento que podemos ingerir está dado por el volumen de nuestro estómago al que forzamos al máximo con tal de probar todas las entradas, todos los platos calientes y todos los postres en el mismo momento, como si fuese cada vez, nuestra última comida. Con respecto a las bebidas preponderan aquellas con colorantes que, mezcladas con alcohol suelen ser las más deliciosas, no así las más saludables; las gaseosas y los jugos artificiales.

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Una vez inflados cual piñata en un cumpleaños, salimos a disfrutar del día y caminamos lentamente hacia la playa hasta dar con alguna reposera que sostendrá nuestro cuerpo cansado, estresado y ahora hinchado. Mientras el sol nos da de lleno la función metabólica entra en crisis y los peligrosos rayos ultravioletas resecan nuestra piel; se hace evidente cuando quedamos rojos como un tomate y cuando debemos usar analgésicos para disminuir el dolor de nuestro cuerpo quemado.

Hay estudios que demuestran que gran parte de turistas de excesos, concluyen sus vacaciones con problemas gastrointestinales, alteración en sus funciones hepáticas , metabólicas y renales, baja de defensas en el sistema inmunológico, pieles resecas y quemadas y por supuesto varios kilos de excesos producto de la mala alimentación y el sedentarismo.

Finalmente emprendemos la vuelta. Checkout del hotel, viaje al aeropuerto, migraciones, viaje en avión y vuelta a repetir el ciclo en nuestro país, inmigraciones, aduana y traslados a nuestro hogar.

Nuestras vacaciones de excesos nos devolvieron quizás más cansados y estresados que al principio, con un cuerpo en muy malas condiciones y una mente algo confundida.

¿Qué parte de nuestro cuerpo no escuchamos? ¿Qué parte no entendimos?

 

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