El colon irritable o síndrome del intestino irritable, es un cuadro crónico recidivante, que alterna con períodos totalmente asintomático junto a recaídas frecuentes. Caracterizado por la presencia de dolor abdominal y/o cambios en el ritmo intestinal (diarrea y/o estreñimiento), acompañados de una sensación de distensión abdominal, sin que se demuestre una alteración orgánica o funcional a nivel intestinal.

colon-irritable

El Síndrome de Intestino Irritable muestra una clara predilección por las mujeres, suele aparecer antes de los 35 años, disminuyendo su incidencia a partir de los 60 años. Se le atribuye a la presencia de alteraciones de la motilidad y/o de la sensibilidad digestiva, influenciada por factores psicológicos. Se arriba a su diagnostico posterior a un correcto y completo examen médico que incluya la realización de una minuciosa historia clínica (es necesario conocer antecedentes personales completos como hábito de vida, tipo de alimentación, grado de stress, estado emocional actual, etc.) Y un examen físico para completar el diagnóstico de sospecha, el cual guiará para realizar diversas pruebas complementarias que descarten la existencia de patología orgánica (diagnóstico por exclusión). Entre estas pruebas complementarias podemos incluir análisis generales y específicos de sangre, orina y heces, estudios radiológicos de abdomen con y sin contraste, ecografía abdominal y colonoscopia.

Las causas que se han identificado que favorecen la aparición de síntomas en el Síndrome de Intestino Irritable son:

  • Consumo excesivo de café (reemplazar por té de hierbas o malta).
  • La ingesta apresurada, copiosa y asociada a otras actividades como conversar, discutir, fumar. Por lo tanto comer despacio, masticar bien los alimentos, dejar los cubiertos en la mesa después de cada bocado. Se recomienda comidas moderadas en cantidad y frecuentes.
  • Ingesta exagerada de picantes y frituras. (Preferir condimentar con hierbas aromáticas: albahaca, tomillo, laurel, orégano, salvia y preferir la cocción al horno, a la parrilla o a la plancha, microonda o al vapor, evitar las frituras).
  • Evitar temporalmente durante los períodos sintomáticos aquellos alimentos y bebidas que desencadenen o empeoren los síntomas como pueden ser comidas rápidas, exceso de hidratos de carbono de absorción simple como azúcar, harinas (disminuir consumo de pastas simples, pizzas, tartas con 2 tapas, panificados en exceso), las bebidas glucocarbonatadas como gaseosas o cervezas y los coles como repollo, brócoli, coliflor.

Además es de fundamental importancia, adquirir hábitos o conductas que ayuden a prevenir el estrés crónico, como organizar las actividades diarias para evitar los apurones que generan mucho estrés, evitar el tabaquismo y el exceso de estimulantes como el café, realizar una actividad física regular que permita mantener el cuerpo saludable, alternar con prácticas de relajación como el yoga, meditación o técnicas de relajación.

Es prioritario que el profesional de la salud brinde información adecuada y comprensible sobre las características de este padecimiento, especialmente de su cronicidad y del pronóstico benigno de la misma, sin restar importancia a las molestias ya que los síntomas son reales y alteran la calidad de vida de quien sufre esta enfermedad.

Dra. Rosana Viscovig

Médica nutricionista

La Posada del Qenti

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