Un estudio reciente de la Escuela de Nutrición de la UNC indica que en la ciudad de Córdoba el 28 por ciento de los hombres que practican musculación presentan tendencia a la vigorexia.
En el último tiempo un trastorno relacionado con los hábitos alimenticios cobró auge y espacios en la prensa especializada. Se trata de la vigorexia, store un desorden de la conducta que, story a diferencia de la bulimia y la anorexia nerviosa –centradas en la cantidad de comida– conduce a una obsesión por el logro de una figura corporal musculosa y perfecta a través de la realización compulsiva de actividades deportivas. El punto de coincidencia reside en la distorsión de la imagen física que poseen de sí mismos quienes la padecen.
En Argentina aún no hay estadísticas que reflejen la incidencia de esta psicopatología que en los Estados Unidos afecta a más de un millón de personas. Sin embargo, un estudio reciente sobre la tendencia a padecer vigorexia, en el radio urbano de la ciudad de Córdoba, arrojó que el 28 por ciento de la población masculina que practica musculación es proclive a sufrir este trastorno. La conclusión surge de la tesis de licenciatura en Nutrición llevada a cabo por Lorena Cámara, Silvana Florindo y Luciene Mobiglia, hoy egresadas de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC).
El estudio se realizó sobre los 139 gimnasios de la ciudad de Córdoba inscriptos en el municipio, de los cuales se extractó aquellos que trabajan la temática de la musculación. En estos lugares se realizaron 130 cuestionarios a hombres y mujeres, de 17 a 35 años, que participaron de manera voluntaria.
La encuesta se basó en cuatro perfiles -sociocultural, clínico-biológico, nutricional y psicológico- útiles para determinar el grado de inclinación a padecer vigorexia. “Se trata de una patología compleja y como tal no puede tomarse un solo criterio para su diagnóstico, por ello también se relevaron los datos antropométricos para determinar la composición corporal”, explicó Lorena Cámara a Hoy la Universidad.
Origen en los vínculos primarios
Si hay un punto en el que coinciden los trastornos de la alimentación, es la búsqueda de un ideal, de una perfección que siempre se presenta como inalcanzable. “Ese ideal de hombre o mujer que se quiere ser o se será, se construye en la misma configuración de la subjetividad del individuo”, señaló Analía Stabio, psicóloga y docente universitaria consultada. De esa construcción participan tanto el niño como sus padres, éstos últimos, como fuente de seguridad, protección, afecto y modelos a seguir. “Cuando esos aportes y modelo están ausentes a lo largo del crecimiento y desarrollo de la psiquis, suele suceder que se forjen ideales muy empobrecidos o bien inaccesibles”, observó Stabio.
Si bien desemboca en una psicopatología alimentaria, la vigorexia no es, en sentido estricto, un trastorno de la alimentación, sino que se trata de una adicción a la musculación, que comparte con la bulimia y la anorexia la obsesión por la figura y la distorsión del esquema corporal.
Muchas veces, quienes buscan el cuerpo perfecto lo hacen influenciados por los modelos que propone la sociedad a través de la publicidad y los medios de comunicación. Lo cierto es que estas personas consideran su figura como un objeto de valor y presentan muy baja autoestima. De esta manera, el cuerpo se convierte en su atributo más importante, al que, en el peor de los casos, dedican un entrenamiento de más de 12 horas semanales.

Una contradicción poco saludable.
Las conclusiones generales del estudio indican que el 28 por ciento de la población estudiada presentó tendencia a padecer vigorexia -el 26 por ciento corresponde al nivel leve y el dos por ciento restante al nivel moderado-, lo que significa que, en promedio, una de cada cuatro personas es proclive a sufrir esta patología, todas ellas de sexo masculino.
Las nutricionistas llegaron a este resultado después de analizar los datos registrados en los cuatro perfiles en que se basó el cuestionario y los datos antropométricos de cada individuo (peso, talla y circunferencia de muslo).
La dieta de las personas vigoréxicas se caracteriza por ser rica en calorías, proteínas, hidratos de carbono y pobre en grasas. “El estudio arrojó que el 56 por ciento de la población examinada consume dietas hiperproteicas, dato que por sí mismo es un indicador de tendencia a la vigorexia”, sostuvo Silvana Florindo.
Al registro de los datos antropométricos se sumó la medición de siete pliegues cutáneos, útiles para estimar la composición corporal y determinar el porcentaje de masa magra y grasa. “El conjunto de estos datos permite determinar cuándo el peso elevado en una persona es indicador de sobrepeso o corresponde a masa muscular”, aclaró Luciene Mobiglia. A estos datos se suma que el 80 por ciento consume suplementos como aminoácidos y proteínas sin prescripción médica.
El marcado desequilibrio entre los grupos de alimentos y el consumo indiscriminado de anabólicos favorece el aumento de la masa muscular tanto como la aparición de desarreglos metabólicos. El 6 por ciento de los encuestados manifestó disminución del interés sexual y un 26 por ciento somnolencia.

A nivel psicológico y sociocultural.
El estudio detectó un alto porcentaje de encuestados que se sentían atraídos por el ideal de hombre o mujer que transmite la publicidad, así como la disconformidad generalizada con el propio cuerpo. Si bien no hay estadísticas que lo sustenten, las investigadoras percibieron la irritabilidad de los sujetos estudiados al ser pesados y comprobar que su peso no era el esperado.
Las personas vigoréxicas pasan muchas horas en el gimnasio. El culto al cuerpo se convierte en el leit motiv de sus vidas y los lleva a crear pautas de conducta que resienten los lazos familiares y las amistades. “Sin embargo, a pesar de tener un gran desarrollo muscular continúan viéndose delgados, lo que los induce a extremar las pautas de conducta para aumentar la masa muscular y la obsesión, al punto de llegar a pesarse varias veces al día”, advirtió Cámara.

Fuente: http://www.hoylauniversidad.unc.edu.ar/

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