Concluye el verano. Atrás quedan la seguidilla de festejos, reuniones, vacaciones y momentos de merecido descanso, que, junto a las “licencias alimentarias” y la interrupción de actividad física, dejan huellas en nuestro cuerpo. La cercanía del otoño anuncia la plena puesta en marcha de las actividades laborales, compromisos y proyectos. Es conveniente entonces, preparar nuestro cuerpo y mente para reanudar, con renovadas energías, las rutinas anuales. Al mismo tiempo, aprovechar este momento para establecer prácticas saludables que se puedan mantener junto a las exigencias propias del ritmo habitual.

actividad fisica

Esperar la primavera para retomar hábitos saludables, no beneficia al organismo ni permite el mantenimiento del peso corporal y la salud. Se requiere de la toma de decisión para transitar el camino hacia un mejor estilo de vida durante todas las estaciones del año. Esto nos habilita a pensar en distintas posibilidades que promuevan la coordinación de una adecuada alimentación, actividad física y demandas de las actividades cotidianas. En esta búsqueda de opciones que podamos sostener, es propicio recurrir a profesionales que nos aporten herramientas y estrategias para implementarlas en este desafío. Comienza a poner en práctica estas recomendaciones básicas que impulsan a equilibrar ocupaciones y actividades diarias con salud y bienestar:

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  • Tener en cuenta que realizar las cuatro comidas principales durante el día, desayuno, almuerzo, merienda y cena, mantienen el metabolismo activo y proveen a nuestro cuerpo de toda la energía necesaria. Establecer anticipadamente los momentos para las cuatro comidas principales según lasactividadesdel día, deesta manera evitará omitir algunade ellas. Para prevenir períodos prolongados sin comer (mayor a 3 horas), incorpore colaciones de alimentos en porciones chicas. Así mantiene la saciedad llegando con menos hambre a la siguiente comida, además de permitir un gasto de energía más eficiente.
  • Comenzar el día con un desayuno completo en nutrientes y energía. Incluye lácteos descremados (leche o yogur, quesos magros), frutas (frescas, enteras, en ensaladas o jugos), y cereales (panes, galletas bajas en grasas, pueden ser integrales, etc.). Si desea puede incluir mermeladas y dulces, cuidando la cantidad. Está científicamente comprobado, que desayunar contribuye a tener menos hambre en el transcurso de la jornada, posibilitandounmejornivelde respuestaintelectual, física y emocional.
  • Incorporar frutas y verduras, crudas y cocidas, variando su tipo y color. De este modo nos aseguramos aporte de fibras, vitaminas y minerales, en pocas calorías.
  • Hidratarse a lo largo del día, principalmente a través del agua y con líquidos sin calorías (infusiones, mate sin azúcar, jugos naturales, caldo de verduras, bebidas y jugos light, en menos proporción).
  • Poner nuestro cuerpo en movimiento, para ser físicamente más activos. No solo a través de rutinas específicas de entrenamiento en gimnasio o practicando algún deporte, sino también a través de caminatas espontáneas, subir escaleras, del baile, andar en bicicleta etc.
  • Reservar algún momento especial del día o la semana para relajarse de la manera que más nos agrade, un pequeño mimo, a través de buena música, disfrutar de un paseo, masajes relajantes, o todo aquello que nos permita equilibrar emociones y conectarnos con nuestro cuerpo.

Lic. Ma. Soledad del Boca

Área de Nutrición

La Posada del Qenti

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