Hablar de dieta es hablar de alimentación saludable, variada, equilibrada, comer de todo con moderación y control, acompañada de ejercicio físico y un estilo de vida saludable. Seguir una dieta equilibrada es saber seleccionar los alimentos, organizar menús, la compra y en ocasiones requiere más tiempo de dedicación.

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Esto todos lo sabemos pero por algún motivo a veces nos dejamos “engañar” y buscamos una solución rápida y es cuando caemos en las denominadas “dietas milagrosas”. Dietas en las que se pierde peso que a largo plazo nos pueden pasar factura.

Cada vez más personas presionadas por la necesidad de estar delgadas para obtener éxito social, se apuntan a la dieta que está de moda en aquel momento (dietas Dukans, Pronocals…) Es el intento desesperado para perder peso a toda costa sin tener en cuenta las consecuencias que puede tener a largo plazo (aunque a corto plazo también se dan tal) y como ha denunciado La Asociación Española de Dietistas-Nutricionistas. Poca gente quiere escuchar la realidad: reestructurar sus hábitos alimentarios y hacer más ejercicio físico.

Este no es un mensaje agradable, especialmente cuando la vecina, una familiar o un amigo ha seguido una dieta milagro y ha perdido peso. Pero al cabo de un tiempo pueden sufrir las consecuencias: se pierde peso a costa de la masa muscular y se pierde fuerza. Son, en general, una forma muy aberrante de alimentarse, se hace solamente durante un tiempo y cuando se vuelve a los hábitos anteriores se recupera peso. Sólo mantiene la pérdida de peso quien además de la dieta cambia sus hábitos, es decir, aquellos que ante una necesidad lo convierten en una oportunidad para llevar unos estilos de vida más saludables. Si no, al volver a comer como se hacía antes de la dieta, se recupera peso e incluso se aumenta. Algunas de estas personas pueden iniciar sintomatología de un trastorno de la conducta alimentaria, como lo son la anorexia nerviosa, la bulimia nerviosa o el trastorno por atracones. Esto confirma lo que hace tiempo alertan los especialistas: “la puerta de entrada a un trastorno de la conducta alimentaria es seguir una dieta sin control médico”.

Saldría más a cuenta y nos haría sentir mejor con nosotros mismos, buscar la manera de sentirnos más a gusto con el cuerpo que tenemos y seguir unos hábitos y estilos de vida saludables que podamos mantener a lo largo del tiempo. Especialmente cuando con nosotros conviven niños y niñas, a los que es importantísimo transmitir unos estilos de vida saludables y la satisfacción con nosotros mismos. Mostrar respeto por la diversidad corporal, no mostrarnos preocupados por nuestro físico y realizar como mínimo una comida al día en familia son estilos y hábitos saludables que contribuyen a la prevención de los trastornos de la conducta alimentaria des de la familia.

Fuente: http://alimentacionysalud.universiablogs.net

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