En muchos países, ailment la intolerancia al gluten es considerada una epidemia oculta. En el nuestro, pill ya sea porque los síntomas son leves o porque pasan inadvertidos para un ojo poco entrenado, there por cada celíaco con diagnóstico hay ocho que ignoran su condición, como se discutió en el Simposio Latinoamericano de Enfermedad Celíaca, que acaba de finalizar.

“Nos alimentamos tan mal que las enfermedades crónicas nos están llevando por delante. En el caso de la enfermedad celíaca, la prevalencia más alta está en los países productores de trigo, como la Argentina. Estudios internacionales indican que el diagnóstico suele demorar cinco años; mientras tanto, los pacientes pasan por muchas manos antes de enterarse de que la padecen”, dijo a LA NACION la licenciada en nutrición Andrea González, jefa de sección del Departamento de Alimentación del Hospital de Gastroenterología Dr. Bonorino Udaondo.

Aftas, anemia crónica, distensión abdominal, migrañas, menopausia precoz, osteoporosis y hasta infertilidad integran la lista de síntomas de la enfermedad celíaca cuando no está adecuadamente identificada. La enfermedad celíaca aparece en personas genéticamente predispuestas a desarrollar intolerancia al gluten, una proteína presente en los cereales que en esos casos lesiona el intestino delgado.

El tratamiento, de por vida, consiste en una dieta sin alimentos preparados con trigo, avena, cebada y centeno (TACC). Esto evita que se atrofie o dañe la vellosidad que recubre las paredes intestinales y logra que el organismo pueda absorber los alimentos que necesita para no desnutrirse.

“El camino no es sencillo, pero es posible y necesario -señaló González-. Para lograr la mejoría es indispensable el acompañamiento de un grupo de salud experto en un trastorno que comparte genes con otras enfermedades autoinmunes, por lo que la persona tiene más posibilidades de tener reumatitis, esclerosis múltiple o diabetes tipo I. Por lo tanto, acelerar el diagnóstico ayuda muchísimo.”

Para el doctor Edgardo Smecuol, de la Sección Intestino Delgado del hospital Udaondo, el subdiagnóstico de la enfermedad celíaca en nuestro país se debe principalmente a dos causas: la ausencia de síntomas que permitan identificarla rápidamente en los consultorios de atención primaria y el desconocimiento médico de que ciertos trastornos pueden ocultarla.

Entre ellos, por ejemplo, están el retraso en la primera menstruación o sufrir abortos espontáneos reiterados, dado que se estima que la enfermedad es tres veces más frecuente en las mujeres que en los hombres.

El “gatillo inmunológico”

Pero ya sea con una manifestación silenciosa o una sintomática, existen procedimientos diagnósticos que permiten identificar su presencia, como las pruebas de laboratorio con anticuerpos, endoscopia gastrointestinal o biopsia endoscópica de duodeno.

“El diagnóstico no es tan fácil como parece, ya que es necesario que confluyan altos niveles de conocimiento profesional y de calidad del trabajo de laboratorio, de los patólogos y de las muestras”, puntualizó el doctor Julio Bai, jefe del Departamento de Medicina del hospital Udaondo y codirector de las primeras “Guías latinoamericanas para el diagnóstico y tratamiento de la enfermedad celíaca”.

La ausencia de ese conocimiento y de la calidad en el examen clínico hace que “la enfermedad se diagnostique sin criterios homogéneos y que la mayoría de los pacientes deambulen por profesionales con distintos niveles de información -agregó-. Es frecuente recibir personas a las que les diagnosticaron enfermedad celíaca, les indicaron una dieta sin TACC y luego una prueba determina que la tenían. Por eso, es importante saber que este diagnóstico tiene implicancias de por vida.”

Aunque no todas las personas celíacas tienen el mismo nivel de sensibilidad al gluten, ingerir aunque sea una mínima cantidad por error puede desencadenar una inflamación. Internacionalmente, el umbral tolerable de gluten -o la cantidad mínima necesaria para disparar el “gatillo inmunológico”- está establecido en 10 miligramos. Esta medida, en cualquier cocina, se traduciría en una décima parte de una cucharadita de café.

Por Fabiola Czubaj
De la Redacción de LA NACION

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