Para lograrlo, se debe tomar la decisión y buscar ayuda profesional. Lo más efectivo es combinar terapia psicológica y medicación. Al margen de la edad y el tiempo en que se haya fumado, tiene impacto sobre la salud y la calidad de vida.

En la Argentina, hoy, fuma prácticamente una de cada tres personas, según surge de la última Encuesta Nacional de Factores de Riesgo, que elabora cada cinco años el Ministerio de Salud de la Nación. De acuerdo con ese estudio, en 2009 fumaba el 30,1 por ciento de los adultos de 18 a 64 años, lo que refleja una ligera merma en relación a la encuesta anterior de 2005, cuando lo hacía el 33,4 por ciento de ese grupo etario.

Pero aunque la disminución es una buena noticia, los números reflejan que el tabaquismo sigue siendo un problema importante en el país, con alto impacto a nivel individual, pero también en la salud pública.

“Una de cada dos personas que fuman van a morir por causa del cigarrillo más tarde o más temprano”, advirtió el médico Daniel Buljubasich, presidente de la Asociación Argentina de Tabacología (ASAT), a La Voz del Interior , a la vez que aseguró que, con voluntad y un tratamiento adecuado, es posible abandonar el hábito.

¿Todas las personas pueden dejar de fumar?

Sí, dejar de fumar es posible, y todo el mundo puede hacerlo. No es algo reservado para algunos en particular.

Porque la mayoría asegura que ha intentado muchas veces sin lograrlo y que hace falta una fuerza de voluntad que no tienen.

En general, se apuesta al tema de la voluntad, y la verdad es que eso es un error porque el adicto, por definición, no tiene voluntad para dejar de fumar. Pero sí es cierto que se apuesta al esfuerzo y también al trabajo. Y también es real que mucha gente ha intentado y no ha podido. Pero lo que pasa es que muchas veces se intenta mal, no se consiguen buenos resultados y queda la idea de que es más difícil de lo que es en realidad. Y así ya queda instalada la idea de que no se va a poder.

¿Qué es intentar mal?

Es hacerlo de manera inadecuada y en momentos inadecuados. El peor error que se comete es intentar hacerlo solo, “porque se metió solo en esto y tiene que salir solo”, es decir, sin ayuda profesional. Mucha gente dice “un día decidí no fumar más, tiré el paquete y ya está”, pero en realidad es muy poca la gente que puede hacer eso. La generalidad necesita trabajar esa situación.

¿Qué hay que hacer, entonces, en concreto?

Lo primero es, no digo tener voluntad, pero sí tomar una decisión. Lo segundo es buscar la ayuda adecuada. Lo tercero es comprometerse a trabajar en serio, o sea, estar decidido a hacer un buen intento. Nosotros no pedimos ni garantizamos éxito, sino que la persona se comprometa a hacer el mejor intento que pueda.

¿El método es igual para todos o se diseña a medida?

No hay un solo método ni tenemos el librito con el método perfecto. Se trabaja un tipo de terapia psicológica cognitiva conductual que apunta a aportar conocimientos y a orientar en las conductas, y a eso se suma medicación de distintos tipos. O sea que esto es como hacer una receta magistral o una receta de cocina: hay que ir poniendo de cada cosa en cada caso en particular. No es lo mismo alguien de 30 años, que quiere dejar de fumar porque su pareja no tolera el humo, que alguien de 60 que fuma hace 40, tiene un enfisema severo y está con oxígeno permanente. Hay que ser flexible para adecuar el tratamiento a cada uno.

¿Qué líneas de medicamentos se usan?

Hay tres, y cada persona se favorecerá con una en particular. Una son los sustitutos de la nicotina, como parches y tabletas. La segunda se basa en el bupropion, un antidepresivo no demasiado efectivo como tal, pero sí para dejar de fumar. Y la tercera, la vareniclina, que es la más nueva y que tal vez tenga la ventaja de ser el primer fármaco que se diseñó en forma específica para dejar de fumar. Cada droga tiene sus ventajas y desventajas, pero lo que está claro es que si se hace el tratamiento conductual y se agrega medicación, aumentan muchísimo las chances de éxito, y viceversa. O sea, lo recomendable es hacer las dos cosas juntas.
¿Los fármacos tienen efectos colaterales?

Siempre hay una medicación que se va a poder utilizar, aunque haya que tomar precauciones. Y no hay que olvidar que son fármacos para tratar una enfermedad que mata a uno de cada dos consumidores. Porque uno de cada dos fumadores tarde o temprano muere por el cigarrillo. Por eso, es absurdo que los fumadores pregunten si los fármacos les van a hacer mal, cuando el cigarrillo mata. De hecho, si tuviera prospecto, nadie fumaría…

¿Sirve dejar de fumar después de 20 o 30 años?

Por supuesto. Siempre hay mejoría, a cualquier edad, al margen de los años de fumador que se lleven y del estado de salud que se tenga. Siempre tiene impacto sobre la salud y aparte posibilita otras cosas, como salir de una adicción, recuperar la autoestima y mejorar el estado de ánimo, porque fumar produce depresión. O sea que hay más de lo que se mide en un electrocardiograma o una espirometría. Por eso, el mejor día para dejar de fumar es hoy.

¿Cuál es el índice de éxito de los tratamientos?

En un tratamiento multicomponente, las tasas rondan entre el 40 y el 50 por ciento. O sea que se puede decir que uno de cada dos que lo intenta seriamente lo logra. Y es un porcentaje muy bueno si se tiene en cuenta que el tabaquismo es una adicción.

Fuente: www.lavoz.com.ar

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